Aitor Etxeberria

Aitor Sarasketa

 

"Bi begirada - Dos miradas"

7 de mayo - 6 de julio 2021

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   Dos artistas nacidos en la pintura, dos artistas que en su recorrido nunca nos han dejado de sorprender dentro de esa supuesta formación autodidacta que siempre se rompe con la natural curiosidad del artista.

   Una de las virtudes de estos dos artistas aparte de otras es esa capacidad de metamorfosis en sus planteamientos con la herramienta (actualmente) y conceptualmente en todo su recorrido y con una valoración y una visión amplia del arte sin dejar de lado ese humanismo que a todo artista se le presupone.

Su investigación sustentada con el impulso del trabajo y transitando a la vez con la teoría y el conocimiento nos dan sus claves.

   Aitor Etxeberria nos hace viajar de sus últimas pinturas (rigurosamente abstractas y tremendamente evocadoras surgidas desde lo más profundo pero llenas de luz, luz envuelta de color y también de un negro profundo) hacia una escultura en la que la intervención del objeto encontrado se convierte en el activo principal.

   En ocasiones el propio espacio del objeto encontrado se convierte en protagonista actuando sobre él y participando de la obra.

   El paso de un artista a una disciplina nueva o el uso de varias y en este caso la escultura como nueva para Aitor Etxeberria (bueno, unos años ya) muchas veces se complica pero como decía antes siempre nos sorprenden y ahora también.

   Esa multiformalidad en la pintura se da también en su escultura y es precisamente en este espacio donde se dan otra vez las sorpresas.

   Etxeberria refiere al objeto encontrado (arte Povera) como núcleo, visión y salida al ejercicio creativo.

   El mimetismo de los objetos y su manipulación es tal que en el ejercicio creativo se pierde esa identidad del objeto encontrado y nace una nueva.

La utilización de la pintura, cemento, barro y otras técnicas sobre el objeto hace que suceda esto.

   Surrealismo (trabajo automático) arte Povera, arqueología industrial, confrontación de conceptos, duro, frágil, blanco, negro, trasparente, opaco etc.

   El resultado de todos estos ingredientes son en muchos casos formas orgánicas y antropomórficas.

   Resaltar en su catálogo de registros la escultura pública, obra en hormigón y acero distinguiéndose en su trabajo las líneas tanto circulares como arqueadas y un uso del equilibrio como factor de importancia.

   Aitor Sarasketa su compañero en este enfrentamiento de miradas nos interpela al soporte pintado con un ofrecimiento quizás más intimista en su factura final.

   En su proceso de trabajo las sesiones y el azar son fundamentales. Un azar no violento casi desapercibido, relajado, un azar que muchos artistas buscan como también Aitor Etxeberria con sus objetos y sus pinturas.

   No solo la visión frontal existe, también lateral y esto nos muestra en ocasiones el trabajo de capas y sesiones de ese tiempo vivido en la obra y explicando de cómo técnicamente hemos llegado a esa imagen frontal.

   Y en eso estamos, en la imagen frontal, mejor dicho representación frontal, una representación (dicho esto por el plano pintado) en la que surge la luz de las profundidades del color invadiéndonos y abrazándonos con su misterio.

   La pintura por la pintura desde la cual el espectador entra a la búsqueda de las emociones por los sentidos retándonos (la pintura) y retando a la mirada con esa representación desenfocada haciendo que nos defendamos ante esa representación dudosa obligándonos a retroceder y adelantar en la búsqueda de esa imagen que desde nuestro imaginario acaba apareciendo.

   Mirar la obra de Aitor Sarasketa y sí, digo mirar, es como mirar el cielo azul o gris, el río con la mirada fija en el agua o el suelo cuando caminamos.

El movimiento nos hipnotiza, un movimiento creado con su pintura de manera sutil.

   Una Exposición para circular entre sus obras, de Sarasketa a Etxeberria y al contrario, mezclando las miradas, las suyas y las nuestras.

 

Bingen de Pedro