"Fulcrum"

Carolina Valls

12 de noviembre 2021

Carolina Valls

Si por arte visual entendemos aquello que transgrede y trasciende, de forma sensorial y conceptual mediante vías visuales, aquí tenemos un claro ejemplo.

 

Situadas en la abstracción geométrica, no hay que dejar de lado la gran carga conceptual y emotiva que contienen las obras expuestas, que nos acercan a las ideas escultóricas tanto como a las pictóricas.

 

Eduardo Chillida (1924-2002) y Jorge Oteiza (1908-2003) construían espacios de distinta forma llegando a una misma meta. Carolina Valls expresa también esta meta en sus obras. La creación de cuadros con formas distintas a las que estamos acostumbrados y los volúmenes geométricos que desarrolla son claros ejemplos de la influencia de ambos escultores en sus piezas. Las formas aristadas dentro de los volúmenes más grandes recuerdan a la fachada Aránzazu (Oteiza, 1969) por la interacción de éstas con dichos volúmenes.

 

Todo ello no cae en el saco frío de lo conceptual. No son construcciones espaciales frías como las de Kazimir Malévich (1878-1935). En la obra de Carolina Valls hay un factor sensorial determinante, como es el color. Éste da sentido y humanidad a conceptos que, aunque sensitivos en el fondo, son fríos en su percepción primaria y racional. Son colores que evocan la esperanza y el optimismo. Vivos, casi fluorescentes, emanan vitalidad, atención y calma. Esta emotividad cromática está estrechamente relacionada con las obras de Mark Rothko (1903-1970).

 

La mezcla de estos dos lenguajes es lo que da sentido a estas obras. Son espacios y volúmenes construidos artificialmente, e interrelacionados. Su interacción con el cromatismo es lo que nos hace comprender que estas obras son un grito a la unión de cuerpo y alma. Nos hace comprender que somos animales racionales conscientes de nuestra existencia en lo natural, así como la huella que dejamos en ello.

 

 

Eduardo Valor Nevado